lunes, 15 de marzo de 2010

Ha de desvelarse algun día el misterio del que espero la vida o la muerte.

A menudo mi corazón se complace en este crepúsculo. No sé qué es lo que me pasa cuando contemplo la insondable naturaleza; pero son sagradas y felices lágrimas las que derramno ante ésa mi bienamada, cubierta de velos. Todo mi ser enmudece y escucha, cuando el leve y misterioso soplo de la tarde me envuelve. Perdido en las lejanías azules, con frecuencia elevo mis ojos hacia el éter, o los inclino sobre el mar sagrado; entonces, me parece como si se abriera ante mi la puerta de lo Invisible y yo me diluyese junto con todo lo que me rodea, hasta que un ruido en los matorrales me despierta de esta bienaventurada muerte y me hace volver de mala gana al lugar de donde partí.

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