lunes, 15 de marzo de 2010

Paréceme pues que el sueño es una defensa contra la monotonía de la vida, un recreo de la fantasía liberada en que ésta mezcla  todas las imágenes  de la vida e interrumpe la permanente seriedad del adulto con un alegre juego de fantasía infantil. De no ser por los sueños, envejeceríamos antes y bien se puede tener el sueño, si no por algo que viene directamente de arriba, al menos por un regalo divino, una agradable compañero en nuestra peregrinación hacia el Santo Sepulcro. A buen seguro que el sueño que tuve esta noche no ha sido una casualidad sin efecto sobre mi vida, pues ya siento que influye en mi alma, impulsándola como una gigantesca rueda que pone en movimiento algún poderoso mecanismo.

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